domingo, 18 de febrero de 2018

LA PREPOSICIÓN Y LAS PIELES


Pieles que precisan de otras pieles.
Pieles regeneradas en el contacto.
Pieles muertas
Pieles renacidas tras cada susurro.

Pieles misteriosas, sin antifaz
Piel sobre otra piel
Bajo tu piel
En tu piel
Con tu piel

Desde tu piel
Por tu piel
Hacia tu piel
Para tu piel
Tras tu piel
Contra tu piel
Entre tu piel

Y durante… sólo la piel.

jueves, 15 de febrero de 2018

LAS CENIZAS


Sólo vacío ceniceros.
Sin cenicienta ni el ave fénix.
Sin príncipes ni principios.
Sin alas y sin renacimientos. 

Las cenizas son los restos,
las migajas de un sutil rastro.
Mis cenizas son los restos de un día,
las migajas de un sutil rastro de lo que pudo ser el día.

Entre ellas se cobija, premeditadamente, el desafío.
Las cenizas, mis cenizas, resumen la embriaguez,
las angustias, las miserias de un silencio
apenas interrumpido por una lágrima caduca,
que cae como vuelve a brotar,
y que, a pesar de todo, sólo evoca sequedad e insensatez.

Sólo vacío ceniceros
como vacío inútiles recuerdos,
como se vacía la víctima en la tortura,
como vacila la vida a la tentativa de la existencia.

Sólo vacío las cenizas,
como me esconde el humo que las vio nacer,
como me desgarra el tiempo de un soplo,
casi, casi sin saber quiénes pudimos llegar a ser.










martes, 13 de febrero de 2018

EL LÁTIGO


El látigo en su prolongación mata. Espanta.
El equilibrio de su intervención es todo un adiestramiento.
Extingue las intenciones.
Enloquece en su baile al viento.

Silencia miedos.
Obedece al banal y amenazante movimiento.
Quiebra los sentidos y apaga miradas.
Ensombrece la milonga como maneja sus giros.

El látigo es la mirada apagada,
el límite, el obstáculo, el bache.
El látigo es el recorrido de tu desprecio,
aquel sutil ruido del ultraje.

El látigo es el quebranto de una fatiga,
la humillación de un sueño.
El gesto capaz de  abusar,
acaso por un sucio azar,
que, por no esconder miserias,
eligió herir sin expiar.

Y prefirió el tormento al deseo.
Y prefirió el dolor al anhelo.
Y prefirió irse hiriendo,
irse yendo en lugar de aguardar el adiós.

El látigo usurpador de dignidades. Me embarga.
Es la sombra de tu entorpecida presencia.
Y me mata. Me exhausta. Te nombra.


domingo, 28 de enero de 2018

CONTRABANDO

Dice una voz abrumada:
¿no es más triste el silencio?
¿no es más triste la soledad?
¿no es más triste la muerte?

El eco de su palabra no alcanza distancia alguna
Y se esconde entre las sábanas o los muros de la intimidad.

Dice la misma voz abrumada:
¿será el llanto?
¿será la sombra?
¿será la vida?

El eco de su palabra perturba el espacio
y enmascara un sombrío tiempo perplejo, fluctuante, inseguro.

Dice de nuevo la misma voz abrumada:
¿y si…?
Y sucumbe a la obviedad:
No es la bruma.
Es la inevitable compra-venta de rastrojos
y el desconsuelo de expectativas.
Y la nada.

Un manojo de defectuosos intercambios frustrados,
una descompensación injusta pero valiente,
que acontece en la desesperación
y se torna inútil escenario de marionetas.